miércoles, 24 de febrero de 2016

oh, campos humanos!

Oh, campos humanos!
Gris de humo y carne mancillada
campos de sufrimiento hermano
OH, campos humanos!
de laberinto y cieno,
de pútrida miseria
y soporífera calma.
No veo sino tristeza,
no entiendo tanta coraza
en los pechos de unos pocos
que denigran y hasta matan.
OH, campos humanos
de desdén y desconfianza
si quisieran cerca a Dios
compartirían mi esperanza.







por vos

POR VOS, TRISTEZA


Es tarde. Tarde en la soledad de este último sol de febrero, apenas tibio de otoño adelantado.

Tarde en la fugaz esencia de resplandores que acarician mi recuerdo que aún te espera.

A qué engañarme. Una hormiga desorientada camina sobre el borde de mi blusa, y yo –pobre y triste yo que aún te piensa- imagino la punta de tus dedos recorriendo esa pendiente hacia el abismo de mi seno. Toda una geografía de bordes y silencios acompañados por tu noble insistencia de acallada premura.

Por qué te fuiste, será la duda eterna que me repita en eternidad de amaneceres nombrándote en la espera.

Por qué temiste, si acaso disfrutabas de tu ego enaltecido por sensaciones nuevas.

Por qué dejaste que creyera en unos ojos profundos que taladraron mi angustia de la peor manera: la de tu incierta presencia en las esquinas de mi mente cada vez que te pensé con  fuerza, con ganas de tenerte y que me tengas  como quizá ninguno de los dos había podido nunca imaginar un clamor desesperado de dos cuerpos brindándose al afecto de tu piel y mi piel entrecortadas de susurros.

Ahora, cuando desde la luz de mi ventana veo que ya no llegas, miro para adentro lentamente, para sólo ver el laberinto de tu mente acomplejada de emociones simples, mientras por fuera de tus límites de espacio y tiempo, la distancia se acrecienta a cada rato un poco más.

Ahora, mientras juego con la hormiga de tus dedos que no supieron siquiera encaminar una caricia, un nudo atolondrado de angustia y ansiedades se retuerce en mi garganta con dolor.

Siento la amargura de una lágrima llorada para adentro, por lo que pudo ser.

Siento la desazón mordiéndome el alma sin permitirme olvidar lo que sentí de pronto, tan de golpe como tu mirada sedienta de ternura arrullándome en silencio, mientras el vuelo de todas las gaviotas enmarañadas en el borde de tus ojos me acompañó tantas veces, contándome de tu inseguridad, de  tus anhelos inconfesados, de la sorpresa increíble de esta vida que de pronto te dijo que valías algo más que tu estampa presumida.

Siento el rumor suave de tus manos apenas abrazando mi cintura, sin demasiada fuerza, acaso temiendo quebrar el cristal de mi risa que se hizo joven y anhelante y libertina tan sólo por reír con vos.



Siento absolutamente toda mi desilusión a cuestas en este último día de febrero que me ha dejado con las manos vacías de vos y de tu piel, con los ojos vacíos de tus ojos sin tu  mirada,  con la piel sedienta y resquebrajada por todo lo que pudimos acariciar no sólo con la mirada, no sólo con tus palabras, no sólo con nada.

Siento una profunda tristeza por mi descreída y anhelante necesidad de vos, ya no sé por qué.



otra vez febrero

ESPERANZA POR VOS


Es febrero. Otra vez, todas las veces de todos los años, es febrero. En el segundo mes que empieza de este año, de este siglo, de este milenio, y vuelve a ser febrero.
Aún te espero.
Como una paradoja de los sinos, vuelvo a vos, como todos los años en febrero. Este desbaratado encuentro de los días y los tiempos que acompañan mi espera por si acaso, porque estoy segura que estarás ahí, donde te busque, esperándome que vuelva como cada febrero de todos los años, empecinado.
Porque qué otra cosa  fue este juego de la espera, más que una esperanzada espera de dos que no supieron decir las palabras exactas en el momento preciso, y dejamos escapar la arena de todos los relojes entre los ansiosos dedos de dos clamando por lo mismo.
Porque  qué otra cosa es este ir y venir deambulando en las imágenes de todos los caireles que se repiten en sonrisas y agresiones porque sí, porque ya no dábamos más por adulto encuentro de dos niños pidiendo a gritos y en silencio por el otro, pero el otro seguía esperando porque sí.
A qué dudarlo. Una hormiga desorientada encontró el camino hacia el abismo de mi seno en las repetidas imágenes del silencio impregnado de canciones, de poemas y palabras de otro que no eran más que todos los otros entrecortados en nosotros, repitiendo el acompasado vuelo de las libélulas presagiando la tempestad y el  viento.
Sabés? Ya no dudo. Iré a tu encuentro.
Liberando las lunas cautivas en tu aliento, te buscaré en febrero.
Con esperanzado anhelo, hasta encontrarte.
Podré acercarme a tu reja de conejo enjaulado, y la dejaré abierta para que aprendas de la libertad de adentro.
Ya no hay más tiempo.
El acompasado fulgor de esencias y ansiedades se entremezcla en la maraña de tu pelo, y es ahora mi aliento el que te llama a tientas en medio de la noche amanecida.
No tengo prisa.
Se que estás ahí, agazapado entre las zarzas, aturdido de temores que no encuentran vertedero.
Los miedos serán siempre dragones acechantes en la oscuridad de tus temores. No hay dragones. Sólo fantasmales recuerdos de otras vidas diciéndote en silencio que el no puedo no podemos es una historia de otros que no se animan a vivir la tristeza y la alegría de la esperanza de dos compartiendo situaciones.
A qué negarlo.
Si así es la vida.
Lo he sentido, lo he palpado sobre mí en infinidad de situaciones sintiendo tu desesperado e irrefrenable deseo de dos escondiéndose en  las sombras incandescentes del deseo.
A qué te fuiste. Sólo intentando postergar un infinito fulgor de estrellas que volverán a encenderse con la próxima oscuridad, en el irrefrenable devenir del cosmos más allá de vos y de mí.
Volverán las oscuras golondrinas de Becker, los poemas de Benedetti, las canciones de Serrat, y si, volverán...como vos y yo, ... todos ellos, muchos más, a decirte que ... no tiene remedio. Y vos sabrás de antemano que la gente anda por ahí diciendo que es peor el remedio que la enfermedad, y también sabés que la enfermedad es el síntoma de lo que te está llamando a cuatro voces, gritando casi a voz de cuello que algo pasa, que hay que descubrir en el síntoma del dolor el infierno del cuerpo diciendo lo que siente.
Y el cuerpo me duele en todas las partes en que dibujo tu mano acariciando la piel de mi cuerpo, y me duele también el alma por la espera y la ansiedad. Me duele la vida en la esperanzada esperanza de tenerte y que me tengas, y es un clamor incandescente, adolescente de todas las dolencias juntas en manojo de sentires que este remedio se evapora con los vapores del cuerpo, con las esencias del tiempo, con todos los soles y todas las verbenas de los campos en febrero  y este descuidado murmullo que ha comenzado a hacer demasiado ruido.
Es el ruido de todos los rumores acompasados de ilusiones que han comenzado a desmoronarse en la realidad de los temores, de tus temores demasiado abigarrados en la soledad de dos que no están solos, pero a qué escurrirse, en esta desmesurada premura por escapar del sol a medianoche.


tiempo

TIEMPO

Todo pasa, decían los paganos.
Todo se termina con la prontitud de un grano de arena  que se filtra en el reloj del mundo.
Ella lo creía así. Lo presentía de ese modo. Pero su ascética persona, ese espíritu gótico que se elevaba sin pausa, le impedía aceptar la sarcástica posición trascendente.
La belleza, la armonía interior del alma humana, no puede existir solo un momento. Como no puede apagarse, ciegamente, el solaz  leprosario del universo entero.
Con todo su humano entendimiento hecho hormiguero, indagó en el escondrijo la inquietud de esa vivencia muerta.
Nada podía negárselo.
Nada lograba calmar su sed de reniegos. Y sin embargo, nada le aseguraba esa otra realidad que la realidad le gritaba como un eco somnoliento sin revés ni respuesta que la convenciera.
Estaba muerto.
Para siempre. O quizá para nunca; nunca podría reconocerlo.
Ese nunca que alejó siempre y siempre le respondió nunca. Y lo siguió buscando por las calles, por los cielos… en el canto de los mirlos que inundaron aquellos huertos… aquellos huertos que la esperanza de verlo le florecía lirios a su corazón descompuesto.
Y lo veía en las tardes de ese lejano pueblo donde su frescura cándida, por extraño sortilegio, se teñía de luna cuando el ocaso era noche en las mañanas de enero.
Lo buscó por los escondrijos del recuerdo; por la quietud del pensamiento. Y lo halló esperándola en la tranquilidad del tiempo. Y lo encontró aguardando su sonrisa de pueblo, su transparencia serena,
En un rinconcito del mundo, en rostro de un pasajero de la vida que se encaramaba resuelto al velero de su búsqueda sin remedio.
No estaba.
Nunca.
Ya jamás…
Si el todo nunca acaba… dónde lo escondió el viento?
Dónde lo tendrá guardado el tiempo?
En el sarcófago inmutable de un septiembre que no quiso esperar su vuelo.
En la esperanza fallida de un sin más ni consuelo.
En el doblez irreversible del tiempo.
Irremediablemente…

Por siempre, muerto…

tristeza por bagre


TRISTEZA POR BAGRE

Por qué este chocar real de la mente enardecida?
Por qué no resignarse al fin, a la cruenta verdad que se encarniza?
Y este nudo de lágrimas vertidas en el cauce terrible de la hazaña; este manojo de horas sin palabras, esperando una playa de olas mancilladas…
Esa vidriera robada de sonrisas, de saludos entre manos al pasar, de charlas con música de amigos de verdad…
Esa calle que ya no te verá más. Nunca más
Pero si te he visto anoche en el mismo lugar… si me miraste sonriente, te acordás?
Bagre… por qué llamaste por ella?
Por qué el último renacuajo de tu corazón partido saltó de tu entraña con ese clamor inconsciente (o sensato, quizá) de nombrarla en cada grito para encontrarla más tarde en el reposo del guerrero de tu vida?
No era ese recuerdo un volver a una inocencia que habías escondido por milagro en el olvido del pasado, y solo la muerte del caudillo te trajo el otro liderazgo? El del hijo bueno, corazón de barro, que jugó escondidas en el patio de la noche que te quitó de las manos esos regalos… esos regalos de sueños que traían los Reyes Magos…
Qué malos fueron con vos…! A todos traían juguetes, y a vos te quitaron una reina de las manos. Por eso tu rencor se desmenuza en las garras de la injusticia terrena, que te empeñaste en que fuera eterna…
Porque para vos no había otro jardín en el cielo, ni flores blancas de azahar… (no te gustan? – No hacen la felicidad).
Qué banal te era todo!
Qué pocas ganas de amar… la naturaleza, las flores del campo, los pájaros bobos y el ruido del mar…
Pobre bagre.
Pobre ilusión sin final.
Pobre cielo sin luna en las noches de tu deambular.
Hasta los treinta vivías… después… ya se verá.
Decime… vieron tus manos la dulzura de un feliz mirar?
Esa capacidad de ternura, ese morirte por ni siquiera amar…
Amaste alguna vez, de verdad?
Contámelo. Yo ya no te quería más.
No podés dañarme con tu realidad.
No tengas cuidado.
No importa llorar cuando se quiso de verdad…
Te juro.
No importa.
Y eso es lo que duele más.
Podrán soportar un desprecio?
Ni aún estando muerto olvidarás su dulce acariciar, ni aún con el olvido perpetuo olvidarás a la guardiana de tu primer caminar.
Los defraudaste con tu póstumo susurro lastimero llamando a tu mamá…
Ni aún poniendo flores en la alforja de llanto solaz le llevaron el apunte a lo que quedara de tu voluntad.
Pediste la tierra madre, que tapara tu pútrido afán.
Y, ni aún estando muerto, pudieron verte llorar.
Ya nunca te verán,
Pobre bagre…
Ésa fue tu realidad.




9/XI/71

no puedo

NO PUEDO




Esas ganas de gritarle al mundo que es mentira, y no me sale un solo sonido de esta pared de carne que te nombró siempre, que te seguirá nombrando en otra esencia, que seguirá mirándote sin ver tu imagen.
Esta verdad ajena que no puedo meter en mi.
Este imaginarte entre cajas de colores de una mañana en el pueblo. Y el blanquito aguardándote en la puerta, destrozado su elemento entre tanta sangre vertida porque si.
No puedo.
No puedo.
No me obliguen a este claustro de encierro permanente en una afirmación que es un cuento. Un cuento malhadado de los que quisieron quitarme tu recuerdo, tu frescura que ya no quiero para mí, pero que vos necesitabas en vuelo.
No te quería ya para mi pensamiento.
Pero vos necesitabas vivir mucho, no apagarte nunca, ni en la tierra ni en el infierno.
Y te robaron los sueños… te estrangularon los reflejos.
Te jugó mal el whisky o te marearon los espectros de esa felicidad que buscaste afanoso, sin saber que quizá estaba al lado tuyo, aguardando paciente la tibieza que no llegó nunca, ni llegará jamás…
Yo la espero por vos
Porque no estás muerto.
Porque estás esperando que llegue el verano para correr al bochinche, ya no alcanzará para vos el ruido, que te aturda por el resto de los días.
Ya no me alcanza la memoria.
Rememorando, me he quedado sin tarea.
Me sobran las palabras, ya no tengo los reflejos que antes te regalara.

Por un recuerdo triste, me he quedado sin espectros.

recuerdo

Te recuerdo sin quererlo.
Tal vez, porque hace poco que te viera.
Tal vez, porque me fui sin darme vuelta.
Y tu imagen se mezcla en el olvido con aromas fueguinos en el beso.
Con fulgores que rompen la añoranza, dejándome tan sólo un leve espectro.
No te extraño.
No podría extrañar lo que es del viento.
Lo que en ráfaga de un instante enceguecido, bailotea sin prisa en el silencio.
Lo que encendiendo un minuto nuestra vida, no deja huella, ni cenizas, ni desvelos.
Pero te recuerdo.
Y eso es importante.
Pues me llena la alforja de sentires.
Pues rebosa mi sentir en sentimientos.
Y te veo, y renuevo tu sombra entre mi cuerpo, y resopla la mente en el recuerdo.
Sos lo ido, lo pretérito, lo yerto.
La brisa que no hiere en un encuentro.
El fuego que no arde en un lamento.
Por eso hoy me acuerdo de aquel remoto hormiguero, que se llenó de deseos en el fondo de lo nuestro.
Lo nuestro… que en vos fuera materia y en mí solo un encuentro.
Que unió dos cosas nuevas, gastada como el tiempo.
El alma en un escape de lo obsceno; el cuerpo en el huir de un audaz vuelo.
Hacia el encuentro del presente.
Hacia el pasado de lo ausente.
Hacia el nombrarte sin recuerdos.
Sin tristeza.
Sin oscuras consecuencias.
Sin jamás, sin nunca, sin de nuevo.
Como la nube que desfleca sus espumas, en el lánguido existir del firmamento.
Y se escapa de las manos del presente, pues su rumbo es devorar el derrotero.
Y después, nada más, el azul cielo.
Sin las nubes, ni tus manos, ni tu beso.
Sin madrugada en un abrazo, sin palabras de silencio, sin testigo mudo de ese árbol que nos viera.
Sin mi cabeza en tu pecho, sin mi temor por lo hecho, sin tu quizá que se mezcló con los destellos de un amanecer a otra vida, de un nacer a otro elemento.
Fue tan sólo un beso. Pero te filtraste en el suspiro sin quererlo. Y hoy te recuerdo.
Tan sólo por eso.
Tan sólo?
Quizá te estoy debiendo… el ser de otra manera.
El sentir sin estar queriendo.
El brotar sin temblor ni ensueño.
Todo eso te estoy dando.
Porque te pertenece.
Porque vos lo hiciste sin preguntas.
Porque fue tu obra sin quererlo.
Hoy te lo devuelvo.
Con esto.
Con mi recuerdo…



12/8/71