LAS INDUSTRIAS CULTURALES
Los estudios sobre industrias culturales llevan por lo menos cuatro décadas en Latinoamérica, pero su examen –a cargo de especialistas en comunicación y sociólogos, estaban orientados las más de las veces a entender la estructura empresarial de los medios, su poder ideológico, su impacto sobre el consumo y los cambios que producen en la conciencia social. El tamaño de las inversiones editoriales, telefonía, televisión y música produjo que las noticias culturales aparezcan a menudo en las páginas financieras de los periódicos.
Si bien cada una de estas industrias tienen una dinámica especial identificada por sector, ya no pueden evaluarse de modo individual separando lo concerniente a cine, libros o televisión como compartimentos estancos, sino como un complejo entretejido de servicios multimediales. Su interactuación se debe tanto a la interrelación tecnológica como a la trama del tejido social actual. Se extienden al conjunto de la vida cotidiana, e influyen en la organización sociopolítica, penetrando en la educación formal e informal. De este modo, en la actualidad los organismos predominantemente económicos de nivel mundial están tomando en cuenta a la cultura como parte de los requerimientos sociales necesarios para el desarrollo.
Para trazar políticas que promuevan y regulen la producción y la comercialización de la cultura, se hace necesario contar con información sobre la recomposición de los mercados culturales y de los hábitos de consumo, más allá que se conozcan los acuerdos sobre aranceles y propiedad intelectual, inversiones extranjeras y multinacionales, derechos de los consumidores y toda otra información que contribuya al desarrollo de los modos de interrelación entre las sociedades.
El desconocimiento de los movimientos de las audiencias y los montos reales de importación-exportación de bienes culturales, es tan importante como la disociación que existe entre quienes se ocupan de la economía y quienes se dedican a la cultura: los economistas pueden descuidar aspectos cualitativos, estéticos y aún políticos de las obras culturales. Los gestores culturales o los productores de bienes de la cultura, los especialistas en arte en su sentido más amplio, suelen desconocer las reglas básicas de la administración y el planeamiento socio-económico.
Tener en cuenta el tema de la identidad cultural puede asociarse solamente con una parte de la concepción global de cultura. La políticas culturales no deberían ceñirse a la administración del patrimonio histórico, artístico, tangible e intangible, lo cual puede corresponderse con una visión patrimonialista de la identidad. Es necesario ampliar el horizonte y abarcar las formas actuales en que se expresa la cultura y los actores sociales, el ciudadano, con relación a las industrias culturales.
Esta sociedad actual, sujeta a procesos de globalización de distinto tipo, contiene numerosos elementos novedosos tanto desde las mutaciones en los estilos de vida, el policentrismo en la política internacional, la translocalización del trabajo, el capital y la comunidad, la confusa y profunda percepción de transnacionalidad en el turismo, en los medios de comunicación y en el consumo, como en la multiculturalidad y en las industrias culturales globales.
Habría que preguntarse cómo y en qué grado el hombre y las diferentes culturas se perciben e identifican en sus diferencias y hasta qué punto esa percepción de si mismo influye y modifica sus conductas. El abordaje del encuentro, la interacción y la reconstrucción de las distintas culturas locales representa un proceso dialéctico, en el que el pasaje de identidades culturales tradicionales y modernas de base territorial a otras modernas y postmodernas de base transterritorial deben ser estudiadas desde una perspectiva de producción industrial, comunicación tecnológica y consumo de los bienes culturales.
Cuando no tenemos tradición de visita a los museos, cuando el paseo por la cultura pareciera ser una cuestión exclusiva, cuando no sabemos disfrutar de la oferta cultural porque las razones se agotan en lo sectorial restringido para unos pocos (la cultura de elite) o lo popular mal entendido (para el pueblo), hablar de cultura parecería tener en cuenta los sitios arqueológicos y los museos, los barrios históricos y las obras de arte, la actuación de orquestas de cámara en recoletos espacios para un público selecto y el estereotipo de lo que hasta ahora tuvimos enquistado como referencia a la producción cultural.
En la actualidad, lo que ocurre con las culturas tiene que ver con libros y videos, bibliotecas virtuales, industrias musicales, telenovelas, industrias cinematográficas. Pero también con la información de los consumidores, que son el público a quienes va dirigida toda esta producción, a los lectores, los cinéfilos, los usuarios de Internet, todos estos escenarios mediáticos en los que se forman hoy, junto a la escuela, los nuevos ciudadanos.
Es en las industrias culturales y en los procesos de comunicación masiva donde se desenvuelven en las últimas décadas las principales actividades culturales, las que dan información y entretenimiento a las mayorías, las que influyen de modo más significativo en la economía de cada sociedad y ofrecen mejores oportunidades de conocimiento reciproco e intercambio entre los países. Según datos aportados por García Canclini de apenas un lustro atrás, en varios países europeos el arte y la cultura alcanzan el 3% del PBI, y en Estados Unidos el sector cultural, sobre todo por la producción y exportación audiovisual, representa el 6% del producto interno, generando posibilidad de empleo a más personas que la minería, la policía y la forestación. Desde hace más de veinte años, la producción de arte y artesanía de la República de Indonesia era el principal componente del PBI y el desarrollo de la Escuela de Arte y Artesanía de Dyakarta era un polo de desarrollo efectivo para la producción a escala tanto de telas rituales, ceremoniales y de uso cotidiano en Batik, como de la más exquisita elaboración de joyería, muebles y elementos en rattán y piezas talladas en madera para decoración o utilitarios.
Por otra parte, las industrias culturales crecen a mayor velocidad que otras áreas de la economía y generan más puestos de trabajo año tras año.
Los procesos de globalización e integración regionales llevan a reconocer también la existencia de un macropúblico a quien van dirigidas tanto la información cuanto la producción de industrias culturales y el entretenimiento mundial. Lo público se desarrolla tanto en los diarios y las radios como en los entretenimientos, en los talk-shows televisivos, los videojuegos, toda clase de concursos, las producciones televisivas de toda índole, ampliando el concepto de lo que los antropólogos denominábamos como producción cultural, y en sentido aún más estricto, la cultura.
El aprecio de la mayoría de los espectadores y los consumidores de bienes culturales en la actualidad, está más centrado en la calidad técnica de los medios, su calidad espectacular en lo audiovisual, el confort en el acto de consumo y el placer que una historia bien narrada, con ritmo y acción, proporcione a sus disposiciones estéticas de rutina, con rutinas importadas desde los centros hegemónicos de poder, que han incorporado al gusto mediático la iconografía y los modelos afectivos e intelectuales de ese país, tanto en las audiencias masivas como en las de mayor nivel educativo.
La política implementada desde el Gobierno de la Provincia de San Luis con el Programa de Becas Arte Siglo XXI se constituye en un primer paso hacia la ejecución de estrategias de producción. Los becarios somos productores de arte y comunicación que mediante nuestro trabajo anual estamos generando un cambio en la concepción sociocultural de los receptores de nuestros productos simbólicos y artísticos. Más allá y sin desmedro de toda otra producción cultural emanada de los propios actores y productores de la cultura provincial, regional, nacional, es desde este espacio de creación, investigación, profundización y transmisión de la actividad artística que tenemos la posibilidad de propiciar un cambio.
Porque no hay lugar en las políticas culturales sólo para lo que al mercado le conviene, sino también para la diferencia y la disidencia, para la innovación y el riesgo. La creatividad sociocultural implica a los públicos actores pero también a los consumidores. El valor de los productos culturales, además de tener que ver con los temas estéticos, de innovación y de adecuada difusión, es una cuestión de interés público y como becarios, estamos trabajando para esto.
martes, 21 de octubre de 2008
domingo, 14 de septiembre de 2008
MILAGRO
MILAGRO
Quise verte y aquí estoy. Vine a saludarte, pasé por el pueblo y me dije... tanto llanto, tanta angustia por tu ausencia, tanta soledad de sonrisas y ansiedades.
Y ese silencio perenne entre nosotros, esos ojos cerrados al recuerdo, al olvido, al despertar. Esa lágrima perpetua, inmutable en el rostro de sombras sin regreso. Esa mueca de tristeza al pasar, como quien por un momento rememora el agridulce de una niñez sin caricias, sin juguetes simples, y con un manotazo de vida tumultuosa las arranca para afuera, para siempre, mientras por dentro la marca se agiganta de repente un poco más.
Quise contemplar tu figura en las imágenes. Esa que preocupaba tu aleteo de marzo y nunca llegó un octubre que la supiera dibujar. Porque la mano majestuosa guiaba tu bosquejo hacia otro caudal. Porque tu mente tirana no se fijaba en el libre albedrío, los pájaros de seda y tantas cosas más. Cómo tolerás ahora tus noches sin whisky, sin tabaco importado, sin cuentakilómetros tocando la qué-se-yo, cómo te sentís ahora? Ni el Polaco ladrando su fascinante estirpe, ni The Spiders, te acordás, gesticulando monótonos en esa noche de baile con la luna en su apogeo. Y esa Polonesa Heroica, y ese Sueño de Amor que no acunaste nunca, ni por una noche de madrugada que te arrebató los sueños.
Nunca pensé poder mirarte por tanto tiempo, abigarrados los ojos con tanto recuerdo, agazapado el silencio entre tanto desconcierto.
(Por Dios, no te quedes así, no llores, no quiero verte triste).
Nunca imaginé este milagro insatisfecho.
Este contarte tantas cosas de éste, tu mundo amado y tantas veces aborrecido. De ésta tu gente conocida, de tantas islas que eran también la tuya y la mía en un chocar de planetas en este arrebol duradero, inacabable.
Porque, lo sé, tu vida durará siempre, hasta que la mente herida en el pensamiento lejano derrame sobre tu esencia la última gota de tu sangre acontecida de recuerdos.
Nunca creí que al mirarte, tus ojos en duelo me devolvieran, por milagro, tu nombre completo.
(Te acordás, nunca te gustó decir el segundo, era feo)
Y dos fechas: una rebozante y la otra, por milagro, de hielo.
Como tus ojos que me daban miedo. Que pensaras que mucho me detenía en tu vista o que pasaba demasiado en vuelo.
Como la vida y la muerte.
Como el horizonte que alcanzaste con el cosquilleo impalpable de esta ansiedad tuya de vivir pronto o de no morirte nunca, no se.
Pero fijate. Estar así ahora, por milagro, a dos meses de no verte más, o a no-se-cuanto-tiempo de no volverte a ver.
Hablando de todo sin conversar de nada. Queriendo reír por tu viaje y alcanzando tan sólo una tristeza inocua de no poder saludarte sin que me preguntes por qué.
Como aquél septiembre, en aquél baile de estudiantes, cuando yo festejaba mi egreso y vos tu décimo aniversario de egresado. Con Pintura Fresca y ese Orgullosa Mary que acomodaste para mí porque no te saludaba más. Ahora te saludo. Por esa y por tantas otras veces que mi espíritu te estrechaba esa mano que ahora me preocupa cómo estará, pero que mi actitud pobre no dejó entrever siquiera.
Por qué tanto orgullo?
Por qué no te miré antes, cuando podías verme, cuando tal vez tu amor propio lo necesitaba.
Quién sabe si estará satisfecho ahora...
Me llega tu voz desde una caverna quieta y silenciosa que hace más inquietante la risa sórdida de tu ausencia.
Esa risa que no se me irá nunca, aunque la carcajada del mundo intente aplacarla.
Qué pasó...?
Se que estás ahí contra tu voluntad.
Me bastó un milagro para comprenderlo.
Se que ese que no querías tu Dios te ganó la batalla contra los treinta que te empeñaste en exprimir hasta el último segundo.
Pero por qué?
POR QUÉ?
Mil y una vez, P O R Q U É?
Con esas ganas de robarle a la vida lo que ella te robó
Te resignarás al basta? O retorcerás los brazos del destino como una cruz esvástica, esa que quedó entre los huesos inertes de tan injusto arrebato?
Esperá.
No digas nada.
Callate.
Vuelvo mañana.
Están sonando unas campanas, las oís?
Me olvidé, sabés?
Por milagro de esas campanas, se me encarniza la angustia y me oprime la garganta.
Olvidé que el cementerio cierra a las siete, y no me alcanzó el milagro para quedarme sin lágrimas, sin milagro, sin su mirada, sin, sin palabras.
Nada.-
Quise verte y aquí estoy. Vine a saludarte, pasé por el pueblo y me dije... tanto llanto, tanta angustia por tu ausencia, tanta soledad de sonrisas y ansiedades.
Y ese silencio perenne entre nosotros, esos ojos cerrados al recuerdo, al olvido, al despertar. Esa lágrima perpetua, inmutable en el rostro de sombras sin regreso. Esa mueca de tristeza al pasar, como quien por un momento rememora el agridulce de una niñez sin caricias, sin juguetes simples, y con un manotazo de vida tumultuosa las arranca para afuera, para siempre, mientras por dentro la marca se agiganta de repente un poco más.
Quise contemplar tu figura en las imágenes. Esa que preocupaba tu aleteo de marzo y nunca llegó un octubre que la supiera dibujar. Porque la mano majestuosa guiaba tu bosquejo hacia otro caudal. Porque tu mente tirana no se fijaba en el libre albedrío, los pájaros de seda y tantas cosas más. Cómo tolerás ahora tus noches sin whisky, sin tabaco importado, sin cuentakilómetros tocando la qué-se-yo, cómo te sentís ahora? Ni el Polaco ladrando su fascinante estirpe, ni The Spiders, te acordás, gesticulando monótonos en esa noche de baile con la luna en su apogeo. Y esa Polonesa Heroica, y ese Sueño de Amor que no acunaste nunca, ni por una noche de madrugada que te arrebató los sueños.
Nunca pensé poder mirarte por tanto tiempo, abigarrados los ojos con tanto recuerdo, agazapado el silencio entre tanto desconcierto.
(Por Dios, no te quedes así, no llores, no quiero verte triste).
Nunca imaginé este milagro insatisfecho.
Este contarte tantas cosas de éste, tu mundo amado y tantas veces aborrecido. De ésta tu gente conocida, de tantas islas que eran también la tuya y la mía en un chocar de planetas en este arrebol duradero, inacabable.
Porque, lo sé, tu vida durará siempre, hasta que la mente herida en el pensamiento lejano derrame sobre tu esencia la última gota de tu sangre acontecida de recuerdos.
Nunca creí que al mirarte, tus ojos en duelo me devolvieran, por milagro, tu nombre completo.
(Te acordás, nunca te gustó decir el segundo, era feo)
Y dos fechas: una rebozante y la otra, por milagro, de hielo.
Como tus ojos que me daban miedo. Que pensaras que mucho me detenía en tu vista o que pasaba demasiado en vuelo.
Como la vida y la muerte.
Como el horizonte que alcanzaste con el cosquilleo impalpable de esta ansiedad tuya de vivir pronto o de no morirte nunca, no se.
Pero fijate. Estar así ahora, por milagro, a dos meses de no verte más, o a no-se-cuanto-tiempo de no volverte a ver.
Hablando de todo sin conversar de nada. Queriendo reír por tu viaje y alcanzando tan sólo una tristeza inocua de no poder saludarte sin que me preguntes por qué.
Como aquél septiembre, en aquél baile de estudiantes, cuando yo festejaba mi egreso y vos tu décimo aniversario de egresado. Con Pintura Fresca y ese Orgullosa Mary que acomodaste para mí porque no te saludaba más. Ahora te saludo. Por esa y por tantas otras veces que mi espíritu te estrechaba esa mano que ahora me preocupa cómo estará, pero que mi actitud pobre no dejó entrever siquiera.
Por qué tanto orgullo?
Por qué no te miré antes, cuando podías verme, cuando tal vez tu amor propio lo necesitaba.
Quién sabe si estará satisfecho ahora...
Me llega tu voz desde una caverna quieta y silenciosa que hace más inquietante la risa sórdida de tu ausencia.
Esa risa que no se me irá nunca, aunque la carcajada del mundo intente aplacarla.
Qué pasó...?
Se que estás ahí contra tu voluntad.
Me bastó un milagro para comprenderlo.
Se que ese que no querías tu Dios te ganó la batalla contra los treinta que te empeñaste en exprimir hasta el último segundo.
Pero por qué?
POR QUÉ?
Mil y una vez, P O R Q U É?
Con esas ganas de robarle a la vida lo que ella te robó
Te resignarás al basta? O retorcerás los brazos del destino como una cruz esvástica, esa que quedó entre los huesos inertes de tan injusto arrebato?
Esperá.
No digas nada.
Callate.
Vuelvo mañana.
Están sonando unas campanas, las oís?
Me olvidé, sabés?
Por milagro de esas campanas, se me encarniza la angustia y me oprime la garganta.
Olvidé que el cementerio cierra a las siete, y no me alcanzó el milagro para quedarme sin lágrimas, sin milagro, sin su mirada, sin, sin palabras.
Nada.-
TENGO GANAS
Tengo ganas
de quedarme inmóvil
contemplando el mundo
desde algún lugar.
París, California,
Marbella, La Quiaca,
Sarmiento, Las Parvas,
Rusia o Senegal.
Oir de repente la voz de mi hijo
gritando ¡Mamá!
Volver del recuerdo con alma de alondra.
Asir en el viento
perfume de albahacas,
ruidos de marsupias,
rumor de hojarasca pisada con pausa,
sendero de plátano de ocre otoñal.
Mirar a lo lejos
que llueve en el monte;
se pierde en silencio el olor en el aire,
la gota en la tierra,
la savia en el brote,
el rubor en la brisa,
la mirada en el hombre,
las ganas de todo y la nada en el borde.
Abismos de dudas,
preguntas sin rumbo,
silencios y noches,
mañanas sin nombres.
Naturaleza muerta en las retinas,
paisajes desteñidos de añoranza.
Querer decirlo todo en la mirada,
vagar como un autómata entre niebla
y fantasmas cuchicheantes, y nudos y
gargantas.
Sonrisa que se vuela por los ojos,
palabras que no saben adularla.
Sabor a conocido entre los párpados
que el sueño traiciona en madrugadas.
El canto de sirenas en las almas,
voces ignotas de alabanza.
Buscar incontenida las respuestas
sabiendo que -quién sabe?- no hay palabras.-
de quedarme inmóvil
contemplando el mundo
desde algún lugar.
París, California,
Marbella, La Quiaca,
Sarmiento, Las Parvas,
Rusia o Senegal.
Oir de repente la voz de mi hijo
gritando ¡Mamá!
Volver del recuerdo con alma de alondra.
Asir en el viento
perfume de albahacas,
ruidos de marsupias,
rumor de hojarasca pisada con pausa,
sendero de plátano de ocre otoñal.
Mirar a lo lejos
que llueve en el monte;
se pierde en silencio el olor en el aire,
la gota en la tierra,
la savia en el brote,
el rubor en la brisa,
la mirada en el hombre,
las ganas de todo y la nada en el borde.
Abismos de dudas,
preguntas sin rumbo,
silencios y noches,
mañanas sin nombres.
Naturaleza muerta en las retinas,
paisajes desteñidos de añoranza.
Querer decirlo todo en la mirada,
vagar como un autómata entre niebla
y fantasmas cuchicheantes, y nudos y
gargantas.
Sonrisa que se vuela por los ojos,
palabras que no saben adularla.
Sabor a conocido entre los párpados
que el sueño traiciona en madrugadas.
El canto de sirenas en las almas,
voces ignotas de alabanza.
Buscar incontenida las respuestas
sabiendo que -quién sabe?- no hay palabras.-
TE RECUERDO
Te recuerdo sin quererlo.
Tal vez, porque hace poco que te viera.
Tal vez, porque me fui sin darme vuelta.
Y tu imagen se mezcla en el olvido con aromas fueguinos en el beso.
Con fulgores que rompen la añoranza, dejándome tan sólo un leve espectro.
No te extraño.
No podría extrañar lo que es del viento.
Lo que en ráfaga de un instante enceguecido, bailotea sin prisa en el silencio.
Lo que encendiendo un minuto nuestra vida, no deja huella, ni cenizas, ni desvelos.
Pero te recuerdo.
Y eso es importante.
Pues me llena la alforja de sentires.
Pues rebosa mi sentir en sentimientos.
Y te veo, y renuevo tu sombra entre mi cuerpo, y resopla la mente en el recuerdo.
Sos lo ido, lo pretérito, lo yerto.
La brisa que no hiere en un encuentro.
El fuego que no arde en un lamento.
Por eso hoy me acuerdo de aquel remoto hormiguero, que se llenó de deseos en el fondo de lo nuestro.
Lo nuestro… que en vos fuera materia y en mí solo un encuentro.
Que unió dos cosas nuevas, gastada como el tiempo.
El alma en un escape de lo obsceno; el cuerpo en el huir de un audaz vuelo.
Hacia el encuentro del presente.
Hacia el pasado de lo ausente.
Hacia el nombrarte sin recuerdos.
Sin tristeza.
Sin oscuras consecuencias.
Sin jamás, sin nunca, sin de nuevo.
Como la nube que desfleca sus espumas, en el lánguido existir del firmamento.
Y se escapa de las manos del presente, pues su rumbo es devorar el derrotero.
Y después, nada más, el azul cielo.
Sin las nubes, ni tus manos, ni tu beso.
Sin madrugada en un abrazo, sin palabras de silencio, sin testigo mudo de ese árbol que nos viera.
Sin mi cabeza en tu pecho, sin mi temor por lo hecho, sin tu quizá que se mezcló con los destellos de un amanecer a otra vida, de un nacer a otro elemento.
Fue tan sólo un beso. Pero te filtraste en el suspiro sin quererlo. Y hoy te recuerdo.
Tan sólo por eso.
Tan sólo?
Quizá te estoy debiendo… el ser de otra manera.
El sentir sin estar queriendo.
El brotar sin temblor ni ensueño.
Todo eso te estoy dando.
Porque te pertenece.
Porque vos lo hiciste sin preguntas.
Porque fue tu obra sin quererlo.
Hoy te lo devuelvo.
Con esto.
Con mi recuerdo…
12/8/71
Tal vez, porque hace poco que te viera.
Tal vez, porque me fui sin darme vuelta.
Y tu imagen se mezcla en el olvido con aromas fueguinos en el beso.
Con fulgores que rompen la añoranza, dejándome tan sólo un leve espectro.
No te extraño.
No podría extrañar lo que es del viento.
Lo que en ráfaga de un instante enceguecido, bailotea sin prisa en el silencio.
Lo que encendiendo un minuto nuestra vida, no deja huella, ni cenizas, ni desvelos.
Pero te recuerdo.
Y eso es importante.
Pues me llena la alforja de sentires.
Pues rebosa mi sentir en sentimientos.
Y te veo, y renuevo tu sombra entre mi cuerpo, y resopla la mente en el recuerdo.
Sos lo ido, lo pretérito, lo yerto.
La brisa que no hiere en un encuentro.
El fuego que no arde en un lamento.
Por eso hoy me acuerdo de aquel remoto hormiguero, que se llenó de deseos en el fondo de lo nuestro.
Lo nuestro… que en vos fuera materia y en mí solo un encuentro.
Que unió dos cosas nuevas, gastada como el tiempo.
El alma en un escape de lo obsceno; el cuerpo en el huir de un audaz vuelo.
Hacia el encuentro del presente.
Hacia el pasado de lo ausente.
Hacia el nombrarte sin recuerdos.
Sin tristeza.
Sin oscuras consecuencias.
Sin jamás, sin nunca, sin de nuevo.
Como la nube que desfleca sus espumas, en el lánguido existir del firmamento.
Y se escapa de las manos del presente, pues su rumbo es devorar el derrotero.
Y después, nada más, el azul cielo.
Sin las nubes, ni tus manos, ni tu beso.
Sin madrugada en un abrazo, sin palabras de silencio, sin testigo mudo de ese árbol que nos viera.
Sin mi cabeza en tu pecho, sin mi temor por lo hecho, sin tu quizá que se mezcló con los destellos de un amanecer a otra vida, de un nacer a otro elemento.
Fue tan sólo un beso. Pero te filtraste en el suspiro sin quererlo. Y hoy te recuerdo.
Tan sólo por eso.
Tan sólo?
Quizá te estoy debiendo… el ser de otra manera.
El sentir sin estar queriendo.
El brotar sin temblor ni ensueño.
Todo eso te estoy dando.
Porque te pertenece.
Porque vos lo hiciste sin preguntas.
Porque fue tu obra sin quererlo.
Hoy te lo devuelvo.
Con esto.
Con mi recuerdo…
12/8/71
VESTIMENTA DE SOLDADO
La muerte con vestimenta
de soldado
golpeó a la puerta
cerca del mediodía.
Era un martes
y el frío de agosto
era un instante
de hielo y de fogones
encendidos.
Quién sos? Le preguntó
asustado,
creyendo conocerla
de antemano.
No contestó. Sólo su aliento
sintió
cerca del rostro
cerró los ojos,
y le tendió su mano.
La muerte lo miró
muy lentamente
tomó un tizón
y lo acercó
a la hornalla
henchido su pecho
sopló con ansias de fuego
y hojarasca.
La chispa no ha durado,
se dijo muy solemne
habré de vestirme
de otro modo.
soldado que soy
en estas lides
no puedo conformarme
con harapos.
Nadie sabe de mí
más que los miedos
yo paso como un fuego
fatuo y me llevo conmigo
lo que quiero.
de soldado
golpeó a la puerta
cerca del mediodía.
Era un martes
y el frío de agosto
era un instante
de hielo y de fogones
encendidos.
Quién sos? Le preguntó
asustado,
creyendo conocerla
de antemano.
No contestó. Sólo su aliento
sintió
cerca del rostro
cerró los ojos,
y le tendió su mano.
La muerte lo miró
muy lentamente
tomó un tizón
y lo acercó
a la hornalla
henchido su pecho
sopló con ansias de fuego
y hojarasca.
La chispa no ha durado,
se dijo muy solemne
habré de vestirme
de otro modo.
soldado que soy
en estas lides
no puedo conformarme
con harapos.
Nadie sabe de mí
más que los miedos
yo paso como un fuego
fatuo y me llevo conmigo
lo que quiero.
VOLVER A CREER
Quiero volver a creer
que la vida no es sólo un hoy
Que es el hoy de cada día
envolviéndose
en un siempre.
En un crecer para dentro
con la luz que crece
fuera.
Quiero deshilar la luz
y tejer con hojas secas
la presencia presurosa
en las manos
de la nada.
Y vivir sin luz, sin día,
sin mañana,
sin de nuevo.
Simplemente
decir vida
y creer.-
9-VI-75
que la vida no es sólo un hoy
Que es el hoy de cada día
envolviéndose
en un siempre.
En un crecer para dentro
con la luz que crece
fuera.
Quiero deshilar la luz
y tejer con hojas secas
la presencia presurosa
en las manos
de la nada.
Y vivir sin luz, sin día,
sin mañana,
sin de nuevo.
Simplemente
decir vida
y creer.-
9-VI-75
LA MENTE EN BLANCO Y LA PIRÁMIDE
LA MENTE EN BLANCO Y LA PIRAMIDE
Judith estaba con su amiga. La de la mente en blanco. Venían caminando por una casa grande, algo así como una escuela antigua, con un patio central donde confluían todos los salones. La amiga le decía algo insistentemente. Pero Judith seguía ensimismada en su idea. Le habían robado la pirámide, y ella estaba segura de poder hallarla. Su amiga sonreía, incrédula, mientras caminaban por la galería interior de aquélla casa. Unas columnas de hierro antiguas sostenían el techo de chapa ornamentado en orlas que hacía de resguardo para la tarde lluviosa de aquél patio. Cuando iban llegando a la puerta de una de las habitaciones, la amiga de Judith se detuvo, giró hacia atrás, y se acomodó el saco de lana que llevaba puesto sobre los hombros. En ese momento las vi. Judith extrajo un arma del bolsillo de su blazer, y apuntó.
Desde algún sitio, yo supe que adentro había un hombre metido en una cama de cobijas claras. No alcancé a ver su rostro. Sólo una forma de cabeza despeinada emergiendo de entre las sábanas, y a los pies de la cama, una forma de niño sentado, de espaldas. Judith apuntó segura, su amiga ya no estaba.
De golpe, comencé a dar gritos, espantada, pidiéndole que no tirara. Pero Judith estaba segura de hacer lo que quería, y no dudó. Comenzó a disparar una y otra vez hacia la cama, y yo gritaba cada vez más fuerte, pero el eco de mis gritos se hacía humo en volutas por entre las columnas de la galería. Judith no me escuchaba.
- Por favor, no le tires! Judith, no! ¡No dispares!, grité de golpe, corriendo, y el pelo a montones se metía en mi boca como en bocanadas de seda que me ahogaba.
Judith se dio vuelta hacia mí, sonrió mirándome, y guardó el arma nuevamente en el bolsillo de su saco. Me acerqué agitadísima, la tomé por los codos, y cuando la toqué, el marrón de las mangas de su blazer pasó a formar parte del color de mis manos. Ella comenzó a reír a carcajadas, mientras me miraba con los ojos serenos, sin culpa, como si no hubiera ocurrido nada.
- Qué hiciste, Judith, qué hiciste? -pregunté como tarada.
Desde algún otro lugar, supe que no había hecho nada.
Ella introdujo su mano en el bolsillo donde había guardado el arma, y extrajo una pirámide de mármol veteada.
- Por suerte, la traía conmigo -me dijo, y nos fuimos a buscar a su amiga, que seguía apoyada en el marco de la ventana.-
Judith estaba con su amiga. La de la mente en blanco. Venían caminando por una casa grande, algo así como una escuela antigua, con un patio central donde confluían todos los salones. La amiga le decía algo insistentemente. Pero Judith seguía ensimismada en su idea. Le habían robado la pirámide, y ella estaba segura de poder hallarla. Su amiga sonreía, incrédula, mientras caminaban por la galería interior de aquélla casa. Unas columnas de hierro antiguas sostenían el techo de chapa ornamentado en orlas que hacía de resguardo para la tarde lluviosa de aquél patio. Cuando iban llegando a la puerta de una de las habitaciones, la amiga de Judith se detuvo, giró hacia atrás, y se acomodó el saco de lana que llevaba puesto sobre los hombros. En ese momento las vi. Judith extrajo un arma del bolsillo de su blazer, y apuntó.
Desde algún sitio, yo supe que adentro había un hombre metido en una cama de cobijas claras. No alcancé a ver su rostro. Sólo una forma de cabeza despeinada emergiendo de entre las sábanas, y a los pies de la cama, una forma de niño sentado, de espaldas. Judith apuntó segura, su amiga ya no estaba.
De golpe, comencé a dar gritos, espantada, pidiéndole que no tirara. Pero Judith estaba segura de hacer lo que quería, y no dudó. Comenzó a disparar una y otra vez hacia la cama, y yo gritaba cada vez más fuerte, pero el eco de mis gritos se hacía humo en volutas por entre las columnas de la galería. Judith no me escuchaba.
- Por favor, no le tires! Judith, no! ¡No dispares!, grité de golpe, corriendo, y el pelo a montones se metía en mi boca como en bocanadas de seda que me ahogaba.
Judith se dio vuelta hacia mí, sonrió mirándome, y guardó el arma nuevamente en el bolsillo de su saco. Me acerqué agitadísima, la tomé por los codos, y cuando la toqué, el marrón de las mangas de su blazer pasó a formar parte del color de mis manos. Ella comenzó a reír a carcajadas, mientras me miraba con los ojos serenos, sin culpa, como si no hubiera ocurrido nada.
- Qué hiciste, Judith, qué hiciste? -pregunté como tarada.
Desde algún otro lugar, supe que no había hecho nada.
Ella introdujo su mano en el bolsillo donde había guardado el arma, y extrajo una pirámide de mármol veteada.
- Por suerte, la traía conmigo -me dijo, y nos fuimos a buscar a su amiga, que seguía apoyada en el marco de la ventana.-
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